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El fenómeno del Ave Fénix

2016-11-28 - Microrrelatos
El fenómeno del Ave Fénix

El fenómeno del Ave Fénix se reprodujo en mí cuando te conocí. Viniste a mi vida cuando yo creí  estar al final del camino. Me tragaste con tu sonrisa y aparecí en la niña de tus ojos. Nunca jamás pude imaginar un viaje así, a mi edad, recorriendo las tierras jóvenes de tu cuerpo. Me llené de energía, volví a hacer deporte, recuperé mi colección de sellos, me volvió a interesar la lectura, que compartía con tu saber de escritora. Y tú me escuchabas, algo que mi mujer no hacía desde hace tiempo. No le culpo de ello. Creo que yo tampoco le escuchaba a ella; supongo que son cosas del tiempo, de la monotonía, de las rutinas que nos llevan al cansancio, y después al hastío.

No pude tener más suerte, más novedades, más motivaciones y alicientes en mi vida. Todo era nuevo. Eras joven, venías de una cultura para mí desconocida, el color de tu piel, oscuro, frente a la blancura de la mía. Cuando me cogiste la mano temblé de emoción, y ello sin saber cuánto había aún por descubrir en ti. Acaso fue mi mirada lo que te hizo dar el paso, aquella mirada entregada a tu cuerpo, a tus ojos, a tu boca? Lo observaba todo como quien no hubiera visto nunca a una mujer. Y quizá fuera así, porque nunca había visto a nadie como tú, o tal vez deba decir nunca me había fijado en nadie como tú, porque probablemente hasta ese momento de aburrimiento ninguna mujer había llamado mi atención, más allá de aquella a la que siempre respeté hasta que te conocí.

Te puedo asegurar que cuando llegue a la última estación recordaré el momento en que disfruté de la calidez de tu cuerpo la primera vez, de aquellas caricias mutuas maravillosas, de tu boca en todas las partes de mi cuerpo, de la mía, escalando tus senos, explorando tus valles.

Gracias por todo ello, R. S.

 

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