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El vecinito

2017-01-27 - Microrrelatos
El vecinito

El Vecinito es una colaboración de  Yessika María Rengifo Castillo

Cierto día, escuche hablar a la señora Fidelina. Mi buena amiga Fidelina, charlaba con las mujeres más habladoras del barrio sobre los ojos del nuevo vecinito. Según ella, eran los ojos más lindos que había visto. Vaya saber si era cierto, mi buena amiga Fidelina siempre exageraba. Lo cierto, era que tenía cautivadas a sus compinches ante tremenda descripción. Dijo; que el nuevo vecinito tenía los ojos azulitos como el cielo, y el mar no podía hacerle apología, aquellos ojos encantadores. Ante esa descripción, mis vecinitas acordaron llevarle un presente. Con la finalidad, de poder contemplar sus bellos ojos. Las vi comprando unas mantecadas, en la tienda del lisonjero de don Clemente. Quien también se sumaba al presente, con unas bolsas de leche y sus saludos cordiales.

La señora Fidelina y sus secuaces, llegaron a la casa del flamante vecino. Vaya, que el vecinito no estaba nada mal. Sus ojos eran azules como el cielo, tan profundos como el mar. Las mujeres estaban encantadas ante los comentarios del vecino, sus sonrisas las delataban. Mis vecinas ya apostaban, quien iba ser la que lo conquistara. El tipo era atractivo y soltero, un partido perfecto para las solteronas cacatúas.  Una tarde lo vi en el parque, el vecinito muy gentil, se acercó y me saludo. Volví a corroborar que sus ojos eran azulitos como el cielo, me invito una gaseosita, me contó un poquito de su vida. Las habladoras de mis vecinas, querían fulminarme con sus miraditas. No podían comprender que el vecinito me invitara a mí, si nunca fui a darle mis afectos de bienvenida.

Yo, disfrutaba mucho al ver sus caras. Por eso acepte, recorrer el parque con el vecinito. Si hubiera sido la época de la inquisición, aquellas mujeres me habrían quemado. Desde ese día, mi vecinito de ser el más asediado paso hacer el más odiado. Mi buena amiga Fidelina, ¿La recuerdan? Se encargó con sus secuaces de decir; que sus ojos no eran la gran cosa, que era un inmoral, y un acosador de las jovencitas del barrio.

Mi vecinito cometió un error, darle pie a ese par de cacatúas. Aprendió la lección, aunque un poco tarde. Mi vecinito, hoy muy buen amigo mío, sigue en el barrio. Y el grupito de brujas, sigue siendo el mal periódico de la vecindad. Vaya, entre amores y odios vivimos, a eso juegan Venus y Marte.  Y Cupido fiel retoño de este juego,sigue riéndose de nuestro contradictorio corazón.

 

 

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